Cara a cara entre presidentes Biden y Putin será un duelo tenso

Desde el fin de la Guerra Fría, a finales del siglo pasado, la reunión entre los presidentes de Estados Unidos y Rusia –especialmente tras la llegada de un nuevo ocupante a la Casa Blanca– es casi como un ritual. Pese a las diferencias, que siempre son grandes, los líderes de las dos potencias por lo general acuden buscando espacios de cooperación, así sean estrechos, y con la idea de limar las asperezas más notorias –y peligrosas– en sus relaciones bilaterales.

Barack Obama, poco antes de acudir a su primer encuentro en el 2009, habló de “resetear” el antagonismo que se vivía con el Kremlin, mientras que George W. Bush, su antecesor, salió del suyo diciendo haber descubierto “el alma” de Vladimir Putin, ya desde esa época presidente en este país.

Pero la reunión de este miércoles en Ginebra (Suiza) entre Joe Biden y Putin no es de ese talante. Podría describirse, más bien, como un tenso duelo entre dos titanes que se desprecian y cuyo único fin es mostrarse los dientes.

De acuerdo con expertos, la relación entre Washington y Moscú se encuentra en el peor momento de las últimas tres décadas. Ambos países han retirado a sus embajadores y reducido sus cuerpos diplomáticos a la mitadLa desconfianza es extrema y los canales de comunicación se han ido cerrando con cada día que pasa. Biden, hace algunas semanas, catalogó a Putin de “asesino”, y el presidente ruso le contestó diciendo que “para reconocer a un criminal primero se debe ser uno”.

En gran parte, este nuevo enfriamiento arrancó al día siguiente del triunfo de Biden en las elecciones de noviembre del año pasado. Durante los cuatro años de Donald Trump en la Oficina Oval, el líder republicano asumió una posición casi sumisa frente a Putin, con permanentes ataques a los fundamentos de la Otán, ignorando los movimientos expansionistas de Rusia en Crimea y Ucrania, y hasta minimizando la intervención de las agencias de inteligencia del Kremlin en el proceso electoral estadounidense, tanto en el 2016 como en el 2020.

Aun antes de llegar a la Casa Blanca, el presidente demócrata ya había dejado claro que bajo su administración las cosas serían a otro precio. En marzo, tras un ciberataque contra la infraestructura solar en EE. UU. que se originó en Rusia, Biden elevó sanciones contra 32 funcionarios de Putin y seis empresas basadas en este país.

Así mismo, ordenó la expulsión de diplomáticos como represalia por la intervención de las elecciones presidenciales, ha criticado abiertamente la detención del líder opositor Alexei Navalny y promueve sanciones contra Bielorrusia, cuyo presidente es un aliado cercano de Rusia, por haber desviado un avión que hacía la ruta Atenas-Lituania, para arrestar a un periodista que criticaba su régimen.